Nos falta sororidad

En teoría, todas sabemos lo que es la sororidad. Y, para quien no, aquí la definición, tomada de Significados: sororidad:

«La sororidad es un término utilizado para referirse a la hermandad entre mujeres con respecto a las cuestiones sociales de género. […] al apoyo, coexistencia y solidaridad frente a los problemas sociales […]. La sororidad es un valor, como la fraternidad, pero vinculada a la unión, respeto y amor entre el género femenino.

[…] empezó a ser acuñado en el área de las ciencias sociales para conceptualizar la necesidad de la creación de vínculos y alianzas naturales entre las mujeres con el fin de eliminar las opresiones sociales como, por ejemplo, el machismo. La sororidad es una nueva forma de encarar los problemas sociales mediante una relación más íntima y comprensiva entre mujeres.»

Sororidad. Qué bien suena. Hermandad. Pero de chicas. Hermandad solo por y para nosotras. Además, proviene de la palabra latina soror, que significa “hermana”. Habla de lucha, de unión. Habla de amistad, de sentimiento, de seguridad. ¿Cómo no nos va a gustar? Nos llenamos la boca hablando del tema. Inundamos las redes sociales proclamando la comprensión entre mujeres. No paramos de referirnos a ello. Sororidad por aquí. Sororidad por allí. La palabra es bonita, es pegadiza, mola decirla. Si quieres ser feminista, tienes que usarla. Porque ya no somos amigas, sino hermanas. Porque ya no nos odiamos —como hemos hecho toda la vida—; nos queremos sin más. Frente al machismo, sororidad. Te lo escribo si quieres en 140 caracteres. O te mando un WhatsApp. O te pongo un estado en Instagram o en Facebook. Somos expertas en proclamar la sororidad. Añadiría que en escribirla.

Pero nos falta. En una escala del 1 al 10 en sororidad, yo nos pondría un 4. O como mucho un 5. Aprobado por los pelos. Podemos mejorar. Porque todas nos sabemos la teoría y, sin embargo, fallamos en la práctica. Empatizamos, sí. Y nos duele cada vez que escuchamos un caso de maltratato. Y lloramos cada vez que asesinan una mujer por el hecho de serlo. Nos da un vuelco el corazón con cada violación que sale a la luz y con cada noticia de trata de mujeres. Nos indignamos juntas y creamos espacios donde compartir nuestro dolor. Nos sentimos unidas ante estos temas. Sentimos la sororidad como un extraño hilo que nos acerca a todas. Pero no hace mucho le dije a unos amigos que no son las grandes cosas lo que demuestran lo que somos, sino las más básicas, las nimiedades.

Nos falta sororidad. Porque seguimos permitiendo los comportamientos machistas en nuestro entorno. Porque preferimos tirarnos a un tío antes que apoyar a una amiga que está sufriendo por su culpa. Porque no somos capaces de decirle a un amigo que su comportamiento roza el maltrato. Porque nos lo callamos, porque «ella sabrá» o «yo no puedo hacer nada». Hacemos la vista gorda, miramos hacia otro lado y seguimos permitiendo el machismo en entornos supuestamente seguros. Lo vemos, pero no tenemos la valentía de enfrentarlo.

Nos centramos en el nosotras para por nosotras, que a veces convertimos en un «contra» nosotras. Sí; se trata de unirnos, de protegernos, de entendernos las unas a las otras. Se trata de ser capaces de contestar al tío que le está diciendo algo a alguna chica por la calle, de pararnos en un botellón o en cualquier otro lugar cuando vemos algún comportamiento extraño; en resumen, de prestar ayuda en momentos en los que nos sentimos más desprotegidas.

Pero, al mismo tiempo, va mucho más allá: sororidad es actuar también en las situaciones realmente difíciles, que suelen ser las más sencillas. ¿Me acuesto con ese chico porque me apetece o no lo hago porque sé que a mi amiga le puede hacer mucho daño? ¿Digo algo cuando mis amigos no paran de decir guarradas y de reírse de las tías como unos babosos, les paro los pies, o me mantengo incómoda y callada? ¿Le digo a ese amigo mío que su actitud celosa, posesiva y manipuladora roza —si es que no lo es ya— el maltrato?

Apoyarla a ella es lo fácil; lo difícil es enfrentarnos a él. Porque quizás es un amigo, un hermano, un conocido, nuestra pareja o expareja. Y en esto siempre fallamos. Nos falta sororidad. Nos falta enfrentarnos al día a día, a la gente a la que apreciamos, a la que no queremos perder. Nos falta no hacer daño a nuestras amigas por problemas con tíos. Nos falta preferirnos a nosotras antes que a ellos. Nos falta ampliar la sororidad a las cosas sencillas, a las nimiedades, a las chicas a las que queremos y que comparten su vida con nosotras.

Vamos muy justas en sororidad. Todas. Incluida la autora.

 

Twitter: @Kuralaza

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