Gritemos sobre sexo

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Para las jóvenes, para las viejas, para las de las primeras veces. Para las que gritan y las que no son capaces:

Éramos muy jóvenes la primera vez que dijimos no a follar o que aceptamos porque no éramos capaces de negarnos.

Éramos muy jóvenes la primera vez que pensamos que no valíamos de nada siendo vírgenes, que éramos las únicas.

Éramos muy jóvenes la primera vez que nos presionamos a follar, porque ser virgen era un fracaso.

Éramos muy jóvenes la primera vez que nos insultaron por haber follado, porque no ser virgen también era un fracaso.

Éramos muy jóvenes la primera vez que nos presionamos a dar caricias y no se nos ocurrió pedirlas a cambio.

Éramos muy jóvenes la primera vez que fingimos un orgasmo, que aguantamos el daño que nos hacían al tocarnos.

Éramos muy jóvenes la primera vez que fingimos gemir, la primera vez que fingimos disfrutar de algo que, a ratos, ni sentíamos.

Éramos muy jóvenes la primera vez que practicamos sexo oral, que tocamos un cuerpo desnudo y estuvimos llenas de dudas.

Éramos muy jóvenes la primera vez que sentimos vergüenza por no ser vírgenes o por haber practicado sexo oral.

Éramos muy jóvenes la primera vez que nos llamaron putas, la primera vez que nos rechazaron por no querer follar.

Éramos muy jóvenes, y teníamos miedo y no sabíamos a qué aferrarnos. Y creíamos que el sexo era devoción.

Éramos muy jóvenes y creímos que el sexo era penetración, que era dolor, que era placer ajeno sin importar el nuestro.

Éramos muy jóvenes y no sabíamos lo que era un orgasmo ni que existía el cunnilingus. No entendíamos por qué teníamos frío al follar.

Éramos muy jóvenes y no sabíamos que necesitábamos besos, caricias, que necesitábamos calor y juegos.

Éramos muy jóvenes y no sabíamos que a lo que llaman preliminares era lo realmente importante, que se podía follar sin genitales.

Éramos muy jóvenes y no sabíamos que era tan válido follar como no hacerlo, que no era ser puta ni mojigata.

Éramos muy jóvenes, y lo seguimos siendo: unas más que otras. Y estamos hartas.

Queremos que las niñas crezcan sabiendo lo que es el sexo, lo que implica y lo que produce, sus peligros y placeres.

Queremos que las niñas crezcan sabiendo que no le deben sexo a nadie, ni por amor ni por estar desnuda delante de él ni por ser mujer.

Queremos que las niñas crezcan sabiendo que su cuerpo es suyo, que sus ganas también, que son solo suyas.

Queremos que las niñas crezcan sabiendo que deben protegerse, que los anticonceptivos son para ellas un derecho.

Queremos que las niñas crezcan sabiendo que los anticonceptivos son para ellos un deber, que deben exigirlos.

Queremos dejar de fingir orgasmos, ser capaces de quejarnos si nos hacen daño al tocarnos.

Queremos dejar de dar caricias sin recibirlas a cambio. Queremos dejar de centrarnos en los genitales.

Queremos sentirnos libres de decir que algo nos duele, que no nos gusta o que no nos sentimos cómodas con ello.

Queremos ser capaces de señalar nuestros gustos, dónde preferimos que nos acaricien y cómo.

Queremos entender que el sexo no depende de una polla, que es algo mucho más amplio y placentero.

Queremos dejar de ser pasivas, de tener miedo a reaccionar mal, de decirle al tío que es la hostia cuando da pena.

Queremos que la parte en la que más disfrutamos se deje de llamar «preliminares», porque no lo son. Es sexo.

Queremos dejar de sentir frío al ver que pasan de acariciarnos la espalda, los muslos, los brazos, el cuello y la cara.

Queremos ser capaces de jugar con nuestras reglas, sin prisas, sin necesidad de penetración ni de urgencias.

Queremos arder, queremos ser nosotras, gritar porque sentimos placer, gemir, jadear y sentir.

Queremos arañar, acariciar, dar rienda suelta a nuestros deseos, morder, besar y abrazar.

Queremos ser capaces de marcar los ritmos, de expresar nuestros gustos sin miedo a ser juzgadas.

Queremos escuchar gustos, deseos y miedos sin juzgar, sin desear un machito egoísta que nos use y nos tire.

Queremos follar y no follar, queremos decidir, explotar en la cama y fuera, hablar de sexo y de comentarlo.

Queremos crecer sin miedo a los amantes, a que la siguiente vez sea un desastre, sin miedo a equivocarnos.

Queremos crecer sabiendo cuándo una relación la hemos consentido y cuándo no, cuándo nos apetecía tenerla y cuándo no.

Queremos ser libres, con información, sin tabúes, con respeto y con pasión.

Queremos follar, pero queremos hacerlo bien. A nuestra manera, sin presiones y sin miedos.

Queremos que las primeras interacciones con el mundo del sexo no sean decepciones.

Queremos ser libres en el amor, en el sentimiento, en el sexo y en la pasión. Queremos vivir a nuestra manera, sin cadenas, jóvenes o viejas.

Twitter: @Kuralaza

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