¿Qué es violencia de género? La violencia de género cotidiana

«Todo tipo de discriminación es una forma de violencia.»

YoVoy7N

Violencia de género es que tenga que escribir este artículo, que sean tantas y tantas las cosas que aguanto, y veo aguantar al resto de mujeres, que necesite dar fe de ello. Porque son tantos y tantos los detalles, los miedos, las inseguridades que, a veces, tratar de expresarlos hablando conlleva un baño de lágrimas.

Violencia de género es que, desde pequeña, haya visto a las niñas de rosa y a los niños de azul, que jugara con ellas a papás y mamás y a ellos nunca les hiciera gracia que me apeteciera jugar al fútbol, por ser, ni más ni menos, que una mujer.

Violencia de género es que, mientras ellos soñaban con ser futbolistas y famosos, con mucho dinero, nosotras soñáramos con tener hijos y cuidar de ellos. Que mientras ellos se peleaban como juego, nosotras ya cuchicheáramos y nos pusiéramos verdes a las espaldas.

Violencia de género es que, si uno pasa al patio de un colegio, verá que las niñas están apartadas en los rincones, jugando con sus muñecos y a las casitas, mientras que los chicos, jugando al fútbol, al baloncesto o a cualquier otro deporte, ocupan todo el centro de las pistas y mucho más espacio que ellas.

Violencia de género es que a mí me diera miedo parecer un niño cuando, de enana, mi madre me cortaba el pelo y aún no me había hecho los pendientes. Porque, sin el pelo largo y sin pendientes, yo no parecía una niña y se reían de mí: era poco femenina.

Violencia de género es que, cuando comencé a crecer, con apenas doce años, hubiera tíos que podrían ser mis abuelos que me miraban por la calle como si mi cuerpo estuviera creciendo solo para que ellos me lo desnudaran con la mirada.
Violencia de género es que, apenas un año después, me hiciera a la idea de que por la calle cualquier tío, incluso el menos esperado, me podía chistar, llamar la atención, insinuárseme y decirme guarradas. Y que yo tenía que callarme y agachar la cabeza porque eso, tal y como me decía todo el mundo, era un «piropo» callejero. A nadie se le ocurrió llamarlo por su nombre: a-c-o-s-o.

Violencia de género es que tenga diecinueve años, que la primera vez que me atreví a contestar a un piropo tuviera dieciocho y que, aún ahora, hay veces que se me hiela la sangre en las venas cuando me lo hacen y en lo único que puedo pensar es en agachar la cabeza y acelerar el paso.

Violencia de género es que descubrí que, cuando a otra amiga y a mí nos gustaba el mismo chico, nos convertíamos en rivales, pese a que siempre decíamos que la amistad era lo primero.

Violencia de género es que, cuando cumplí los dieciséis años, me di cuenta de que la mayoría de las chicas que conocía comenzaban a estar a disgusto con su cuerpo, a hacer dieta, a llevar push up, a maquillarse diariamente y a estar todo el rato pendientes de su cuerpo, sus palabras, su ropa y sus maneras.

Violencia de género es que a las tías nos dé cosa hablar de la regla, como si fuera algo de lo que nos debiéramos avergonzar.

Violencia de género es que se critica una mujer por llevar escote y falda corta, como si no pudiéramos ir como nos diera la gana y a nuestro gusto.

Violencia de género es que, hombres y mujeres, se creen con derecho a criticar a una chica por colgar en Internet una foto de sus tetas, como si el cuerpo femenino fuera algo público sobre lo que todos pudiéramos opinar.

Violencia de género es que se nos culpe a nosotras por mandar, en confianza, fotos desnudas y nadie le diga nada al tío que las difunde sin consentimiento entre todos sus amigos.

Violencia de género es que a mí me hayan dicho diez mil veces por todos los medios posibles que «no me abra de piernas con el primero que pase», pero que nunca haya visto que nadie le dice a un tío que «no se la meta a la primera que pase».

Violencia de género es que, cuando comencé a hablar de sexo, de liberación femenina y a comentar ciertos temas sin tapujos, la primera palabra que se usara para definirme fuera «puta».

Violencia de género es que, cuando comencé a tener relaciones, me diera vergüenza que alguien me mirara la cartera y que descubriera el condón que llevaba dentro, no fuera a ser que me volvieran a tachar de puta.

Violencia de género es que, cuando mis amigos se ponían a hablar de sexo y a echarse flores a sí mismos sobre lo bien que follaban, yo estuviera callada por dos cosas: la primera, que me tacharan —otra vez— de puta por hablar de sexo y, la segunda, porque no podía evitar pensar que lo único que sabían era meterla y que pobres de las chicas que se acostaran con ellos.

Violencia de género es que, molestándome a mí como me molestaba que me criticaran por mi vida sexual, lo haya hecho yo con otras mujeres, pero nunca se me haya ocurrido hacerlo con un hombre.

Violencia de género es que, cuando nos acostamos con un tío, luego muchas veces este vaya fardando a sus amigos del polvo que nos ha echado y nos tache de guarras; y que, cuando lo rechazamos, nos tachen de guarras también por no querer follar después de «provocarle».

Violencia de género es que a mí no me dé pánico que me roben ni me den una puñalada por la noche cuando vuelvo sola a casa, sino que me violen y abusen de mí.

Violencia de género es que, por la noche, cuando me cruzo con uno o varios tíos, inconscientemente agache la cabeza y me vaya el corazón a mil por hora o que, si mi mente les juzga agresivos, me cambie de acera y acelere el paso.

Violencia de género es que yo me sienta más segura cuando me acompañan a casa por la noche, que mi novio lo haga porque siente que lo necesito o que, cuando estaba soltera, hayan llegado a decirme «échate novio que así tus padres te dejarán volver más tarde a casa, porque él te acompañará».

Violencia de género es que, cuando yo dije a amigos que tenía una relación abierta, por sistema sus novias se pensaran que yo era una amenaza. Y que, además, criticaran a mi pareja por ser «poco hombre y dejar que su novia lo mangonee».

Violencia de género es que, más de una, de dos y de diez veces, un chico haya entendido que, primero, tenía derecho a insistir para follar solo porque nos habíamos liado y, segundo, que no fuera capaz de comprender que mi NO era NO, en aquel momento y en todos los que a mí me diera la gana.

Violencia de género es que la primera vez que le dije, con catorce años, a un chico que no quería follar, primero me insistiera y, luego, me mandara a la mierda. Como si yo no fuera nada más que un coño donde meterla.

Violencia de género es que, aún habiendo estudiado el tema del feminismo y habiendo leído sobre todas las relaciones de maltrato, yo cayera en una de ellas y, además, me echara la culpa de todo lo malo de aquella relación a mí.

Violencia de género es que no se considere maltrato a no ser que haya golpes, cuando el maltrato es muchísimo más amplio y complicado.

Violencia de género es que, cuando estamos sentados en algún banco, yo con mis piernas cruzadas ocupe un tercio del espacio y el tío, con las piernas bien estiradas, ocupe los otros dos.

Violencia de género es que puedo contar con los dedos de la mano las veces que nos hablan en clase de mujeres pintoras, escritoras, científicas, investigadoras, etc. sin supeditarlas a su relación con un hombre.

Violencia de género es que, estudiando el Grado en Español: Lengua y Literatura, la primera mujer de la que nos han hablado más detenidamente haya sido de Sor Juana Inés dela Cruz, y eso en el segundo año de carrera. Y que sean, además, Gabriela Mistral y ella las únicas escritoras de las que vamos a oír hablar este cuatrimestre.

Violencia de género es que en toda la literatura y el cine se considere que lo que hacen los hombres es para ambos géneros y lo que hacen las mujeres, solo para ellas.

Violencia de género es que podamos contar con los dedos de una mano las protagonistas femeninas cuyo papel no está basado en su romance con el protagonista masculino, que es quien realmente lleva toda la trama.

Violencia de género es que yo sepa que, por ser mujer, hasta el tío que más suspende en mi clase va a tener más probabilidades de tener trabajo y llegar a lo alto que yo, que le supero en media y esfuerzo con creces.

Violencia de género es que yo sepa que, si está en mis manos, no debo trabajar en una empresa privada porque va a estar siempre reñido con mi futura maternidad.

Violencia de género es que se mire mal a una mujer por decir que no desea tener hijos, que no desea tener pareja y que lo que quiere es, por ejemplo, dedicarse a su trabajo en cuerpo y alma.

Violencia de género es que nosotras nos podemos tirar años teniendo relaciones sexuales antes de experimentar nuestro primer orgasmo en una de ellas, porque nadie se preocupa de nuestro disfrute.

Violencia de género es que digan que «las lesbianas no pueden follar porque no tienen una polla que meter» como si las relaciones sexuales se basaran en meterla y ya.

Violencia de género es que nos riamos de los homosexuales o de los chicos con pluma por el simple hecho de que «parecen una mujer».

Violencia de género es que nos sorprendamos cuando, en un grupo de música, hay una mujer y no es la cantante.

Violencia de género es que los únicos deportes considerados femeninos son la gimnasia rítmica y la artística, porque aún estoy esperando que hablen de cómo el deporte femenino de equipo en España tiene bastantes más logros que el masculino.

Violencia de género es que, desde su propia comunidad, a una mujer musulmana la presionen a ponerse el velo y, cuando tiene el poder de elegir, se la critique por decidir llevarlo.

Violencia de género es que lo único que oigo hablar sobre las mujeres negras es que «tienen un culo muy grande que me pone mucho», y se olviden de que son personas, de que son iguales.

Violencia de género es que, en países de Tercer Mundo, se crea que el sida se cura desvirgando a muchachas.

Violencia de género es que, en África, se les practique la ablación del clítoris y se les cosa los labios a niñas que apenas saben lo que les están haciendo.

Violencia de género es que nos digan que, como ya podemos votar, no tenemos nada más de lo que quejarnos.

Violencia de género es que muchísimas mujeres sean asesinadas por hombres cercanos a ellas y, aun así, los titulares digan que «mueren a manos de» y que los #NotAllMen nos vengan a protestar alegando que hay denuncias falsas también.

Violencia de género es que muchísimos hombres, en vez de escucharnos, de atender y revisarse, te vengan a dar paternalmente lecciones de moral y a explicarte por qué ellos deben llevar también la lucha feminista.

Violencia de género es que critiquen el término feminismo porque «se refiere solo a las mujeres», cuando es un movimiento creado por y para mujeres, el único que históricamente y por derecho nos pertenece y al que no vamos a renunciar jamás.

Violencia de género es que no entendáis que necesitemos espacios no-mixtos donde emponderarnos, donde reunirnos con compañeras y decidir por nosotras cómo y por qué debemos luchar. Porque en todos los demás colectivos hay hombres y, cuando hay hombres, siempre están por encima de nosotras.

Violencia de género es que, como hombres, os agarréis a esa mierda de privilegios que tenéis, que hacen que os tengamos miedo, que nos sintamos pequeñas, que os educan en la falta emocional.

Violencia de género es que, cuando se cansaron de llamar marimachos a las feministas, empezaron a denominarnos feminazis.

Violencia de género es que no entendáis que el hembrismo no existe, porque no hay un sistema matriarcal que lo sustente y porque, si existe un patriarcado, no puede haber un matriarcado.

Violencia de género es que digáis que nos quedamos con los niños en los divorcios cuando la mayoría de las veces los hombres pasan de sus hijos y de educarlos, cuando históricamente toda la carga ha sido para las mujeres.

Violencia de género es que os sintáis muy feministas porque ayudáis a vuestra novia o esposa en las tareas de casa, dando por hecho que son algo propiamente femenino y no responsabilidad de todos y cada uno de los miembros de la casa.

Violencia de género es que no seáis capaces de asimilar que puede haber gente que no sea hombre ni mujer, porque no tenéis ningún derecho a sentiros superiores por serlo.

Violencia de género es que no seáis capaces de ver que para ser transgénero no necesitas cambiar tu cuerpo, que no es algo de genitales sino un rol social.

Violencia de género es que os dediquéis a acosar a esas que llamáis «feminazis» dándoos por aludidos en todas y cada una de las cosas que escriben. Y que, lo mismo, si os dais por aludidos, es porque tienen razón.

Violencia de género es que no seáis capaces de ver que, cuando señalamos un actitud machista y saltáis diciendo «pero yo, no», os estáis justificando y eso significa «yo lo he hecho».

Violencia de género es que nos tachéis de locas cuando denunciamos todo lo que vivimos en el día a día, el acoso y la sexualización que sufrimos.

Violencia de género es que no sepáis darle la vuelta a la tortilla, pensar en qué pasaría si lo vivierais vosotros y cómo os sentiríais si se empeñaran en que no lo denunciarais, invalidando vuestra opinión y usando como excusa enfermedades mentales.

Violencia de género es no ser capaces de mirar todas estas cosas en conjunto y no por separadas. Porque a los hombres no los asesinan por ser hombres sino personas y, a nosotras, nos ocurre por ser mujeres y personas.

Conseguiremos erradicar la violencia de género el día que os deis cuenta de que, en el feminismo, os toca agachar la cabeza y escuchar, que es un movimiento que nunca vais a poder liderar, porque ya lideráis todos los demás movimientos inconscientemente.

Y ya lo dijo Amelia Valcárcel: «El feminismo no ha perdido hasta la fecha ninguna de las batallas en que se ha empeñado. Ha tardado más o menos en conseguir sus resultados pero ha mantenido sus objetivos invariables».

Twitter: @Kuralaza

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